Hijos del circo

El cónclave de la familia Gómez se da poco antes de subir las escaleras que llevan al cielo de la carpa. En pocos minutos estarán columpiándose a 13 metros de altura. No es tiempo de andar sacando trapitos sucios ni viejas disputas de alcoba. El número exige concentración máxima y, sobre todo, trabajo en equipo. “El nuestro es un acto de arrojo, con mucha valentía.  Participan mi marido, mi hijo y mis hermanos. Si hay problemas, quedan acá abajo. Trabajo es trabajo”, se ríe Karen, la matriarca chilena de las Águilas Humanas. Entre las proezas que realizan alto en el cielo, se pueden destacar el “cruce de la muerte” y el “triple salto mortal”, prueba máxima de la disciplina. “Seguro que nos gusta el riesgo, señor –asegura–. Las palmas del púbico nos hacen olvidar el dolor de las caídas.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee en Tiempo Argentino, por acá.

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