Todo un palo

Nicolini es un baqueano experto en la geografía de las boleras nacionales. Con 63 años sobre el lomo, lleva más de 40 derribando bolos con la potencia de sus bombazos. Su fervor por la disciplina de palo chico arrancó en los ’70, años tórridos de la primera “fiebre del bowling” en estas tierras. Su bautismo de fuego fue en el club Morón. Con la vuelta del general Perón al país, Nicolini y su barra de amigos resignificaban una de las máximas justicialistas: iban de casa a la bolera y de la bolera a casa. “Estaban los clubes, pero también empezaban a proliferar las confiterías. Era una salida económica, bien popular. Te tomabas una gaseosa, comías un sánguche y jugabas unas líneas por menos de 2000 pesos moneda nacional, dos fragatas”, recuerda, mientras calibra el primer tiro de la noche.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en Tiempo Argentino por acá.

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