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Hongos: la vida debajo del sombrero

02/09/2018

En el bosque hay un duende regordete. Sonrisa dibujada, larga barba ya canosa, cuerpito por demás macizo y, por supuesto, gran bonete. Reposa relajado, quizá algo solemne, duro como toda buena estatua. “A veces pienso que debo tener algo de estos enanos. Y no lo digo por la barriga, sino por cómo me gustan los hongos. Son mi pasión”, dice Gabriel Terzzoli, entusiasta micófilo y dedicado productor de muy diversas especies del reino funyi en la Villa de Merlo, provincia de San Luis.

“Primero, aclaremos los tantos –dice el caballero–: ni animales ni vegetales, los hongos son un reino aparte, del que no se sabe demasiado y todavía queda mucho por estudiar. Hay 250 mil especies conocidas, pero más de un millón y medio por describir. Tienen rasgos del reino animal. Por ejemplo, el gameto masculino es igual al del espermatozoide. Y también son seres que responden a los ciclos circadianos, los ritmos que tenemos los individuos de una especie. ¿Sabía que los humanos compartimos el 30% de los genes con los hongos? Pero vamos más despacio. Ya le dije que soy un apasionado, por eso creamos este espacio.”

Terzzoli detiene su apasionado relato por unos segundos, otea el bosque al fondo de sus dominios puntanos como para tomar envión, pasea por los senderos de su memoria y luego se larga a recordar la génesis de MundHongo, el proyecto productivo que le cambió la vida para siempre: “Con mi familia queríamos estar más cerca de la tierra. Los hongos nos dieron esa posibilidad. Acá estamos, creciendo de a poco.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.