Archive for the ‘Casos’ Category

De carne somos

11/12/2017

Con un pequeño rodillo, Martín Falbo barniza al detalle sus generosos músculos hasta alcanzar un bronceado perfecto, aunque artificial. Pinta con prudencia sus pectorales, abdominales, bíceps, tríceps, cuádriceps y hasta los orondos glúteos. “Con una manito más, quedo hecho una pinturita –explica el culturista de 45 años–. En este tipo de competencias, el tinte es obligatorio, marca la profundidad de los músculos. A veces las luces del escenario te matan: dan un aspecto blando y lavado del cuerpo. La clave del culturismo es lucirse ante el jurado, por eso tengo muy estudiadas las poses, la iluminación, acá hay que sacar el máximo provecho. Incluso lograr que una carencia pueda transformarse en fortaleza.” En el fondo, todo culturista es también un gran ilusionista.

El macizo atleta es uno de los animadores de la categoría Master, del Campeonato Metropolitano de la Federación Argentina de Musculación (FAM), una de las citas máximas de la disciplina en suelo porteño. Desde hace años, se disputa en el club Pedro Echagüe, en los arrabales de Flores.

Faltan minutos para que comiencen las rondas finales y el vestuario, improvisado en la cancha de básquet, es una olla a presión. Fornidas damas y hercúleos caballeros aprestan, algo acalorados, los últimos detalles antes de salir al ruedo. Diez flexiones de brazos por aquí, una pincelada de maquillaje en los pómulos por allá, otra rápida sesión con las mancuernas más acá. Farbo está radiante. Pero sobre todo sereno. Hace gala de sus músculos y nervios de acero. La procesión va por dentro.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino, se lee completa por acá.

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Misterios del ministerio del arte

11/12/2017

Una cosa es el arte contemporáneo y otra cosa es el sistema del arte contemporáneo. En el sistema está todo lo que no es obra. Incluida la sociabilidad, que hace que algunos artistas terminen yendo a inauguraciones y a “eventos” porque lo consideran parte de su trabajo. En el arte está lo que importa, la cosa: la capacidad de una obra de reiterar que vale la pena cierto ahogo y cierta conmoción para caer en el desprejuicio que nos haga sentir reales por un momento. Si nos ponemos sintéticos podemos decir que este libro trata sobre eso, ya desde su título indeciso: ¿Es el arte un misterio o un ministerio?: el arte contemporáneo frente a los desafíos del profesionalismo. El peligro de cualquier sistema es que se refuerce con lo que ya sabíamos y no sorprenda, nos instale en una depresión sin ética.

El libro reúne una serie de conferencias que se dictaron en la Universidad Di Tella en 2015, organizadas por la curadora Inés Katzenstein y el ensayista Claudio Iglesias. El tema central era la relación entre arte y trabajo. Digamos: si un artista es o no un trabajador. Si el sistema del arte es o no una internacional productivista de signos y dinero. En el rincón del Misterio están el concepto de autonomía, el arte como lo único que puede estar fuera del mundo para crear nuevas maneras de ser en él, un mundo no imaginado, no proyectable, un mundo en estado de gracia. En el rincón del Ministerio están la organización, los roles, las disciplinas, el trabajo en equipo y la función social de hacer del arte un mecano más de la maquinaria, del ritmo mundial de intercambio.

Un artículo de Juan Laxagueborde, se lee completo en Radar de Página 12, por acá.

Las orquídeas del señor Ogata

04/12/2017

“Para todo el mundo soy productor. Al principio era un simple aficionado, pero no voy a andar con vueltas: en realidad, soy un loco de las orquídeas”, confiesa, sensato, Gustavo Ogata, y se pierde en un calmo océano verde esmeralda vegetal: cientos de orquídeas con flores en ciernes, que pueblan el invernadero de la floreciente firma Ogata Orchids. Su vida entera, asevera el señor Ogata, gira en torno a este colorido y perfumado universo, que crece desde el pie en un arrabal del partido de San Miguel. Pero no siempre fue así.

“Este es el barrio de mi infancia. Acá nació el emprendimiento de mi padre hace más de cinco décadas, cuando esto era puro campo pelado. A mi viejo le gustaba el verde en general, y las orquídeas en especial. De él heredé este oficio. Tuve idas y venidas, pero lo asumo como un legado familiar”, se sincera el hombre de 51 años. Su papá, Kiyoaki Ogata, sapiente ingeniero agrónomo japonés, llegó al Conurbano desde la isla de Kyushu, región sureña de las nueve provincias, a finales de los cincuenta: “Vino a hacer unos estudios de suelo en Bahía Blanca y Capilla del Señor. Y se quedó fascinado con la tierra fértil de las pampas, pero sobre todo con la grasita del asado y los mates. Entonces, decidió radicarse en la Argentina”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Completa en Tiempo Argentino, por acá.

Manhattan en Barcelona

27/11/2017

sobre sanchez osvaldo baigorria

Merino dice

26/11/2017

En octubre de 1981, con 19 años, Roberto Merino escribió “Transmigración”, un libro de poesía oscuro y romántico en el cual descubre, hechas trizas, las luces del amor. Por entonces Merino creía en la mujer fatal, estudiaba Literatura en la U. de Chile –se graduó con una tesis sobre “La nueva novela” de Juan Luis Martínez– y percibía en la ciudad de Santiago la presencia de energías lúgubres, primitivas. “Transmigración” se publicó en 1987 a instancias del propio Martínez y, luego de treinta años, Lecturas Ediciones acaba de reeditarlo. Acá, el columnista más influyente de LUN recuerda la vida literaria de esa época –cuya densidad intelectual lo terminó asfixiando– y la galería de desquiciados que animaban el Paseo Ahumada. También critica a Martín Cárcamo y explica por qué la vida toma siempre la forma de un laberinto.

“El fascismo es una condición latente que tenemos todos, y que es muy fácil de despertar. Basta que tú le garantices impunidad a alguien si hace suyo tu discurso y ya tienes un fascista, de derecha, de izquierda, mapuche, lo que sea. ¿De dónde salieron todos los delatores después del Golpe, esos 25 mil civiles ayudando a la dictadura? Era el señor que te cruzabas en la calle, el dueño del kiosco que te vendía los cigarros. Es realmente muy fácil. Cualquier discurso que te ofrezca impunidad para linchar a otro, o para obligarlo a hacer un mea culpa, te puede convertir en facho.”

Leé la entrevista completa en The Clinic, por acá.

Cadáver exquisito

24/11/2017

Sobre la fachada del galpón reposan un bravo puma y la cabeza de una jirafa forjados en poliuretano. Sólo un botón de muestra de los incontables misterios que cobija la nave central del Instituto Superior de Taxidermia y Conservación, enclavado en un pulmón verde de Carlos Spegazzini. Junto a la puerta, un rey león deja ver sus filosos colmillos, su fiereza eternamente congelada. A unos pocos pasos hay nutrias, quirquinchos, zorros, coatíes, peces gordos y otros más estilizados, antílopes, varios lagartos, dos tiburones, un tucán y hasta un jabalí con cara de pocos amigos. “Esto no es nada, señor. Apenas el 1% de mis 40 años de trabajo”, asegura con modestia Pedro Bienvenido Viamonte, director de la institución y figura vital de la taxidermia nacional. Personaje renacentista, paciente docente, artista elevado, científico sin pergaminos y, sobre todo, dueño del saber que hace que algo muerto, vuelva a la vida.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Sumo: cuestión de peso

06/11/2017

En cuclillas, con los puños apoyados por delante del cuerpo y la mirada penetrante que recuerda a los samuráis de Kurosawa. Así se preparan Agustina Ramos y Maximiliano Guzmán para chocar de frente. El sensei da la señal y la piba de Parque Chacabuco madruga al cordobés con una embestida que da miedo. El ex rugbier de La Carlota no se apichona ante la tracción 4×4 de la estudiante de Comunicación Social y decide jugar su mejor carta. Se prende del mawashi de la dama y luego la zarandea con la potencia de un terremoto. Forcejean unos pocos segundos, pero es la chica superpoderosa la que hace trastabillar al caballero.

Mientras se seca el sudor de su frente, la vencedora asegura que es una de las pocas mujeres –se cuentan con los dedos de una mano– que practican sumo en el país. El tradicionalista espacio profesional en Japón sigue siendo un universo vedado para las gladiadoras. “Siento que el sumo me pone a prueba todo el tiempo –arriesga Agustina–. Me gusta demostrar el poder de las mujeres. Orgullo femenino.”

Guzmán se recupera de la derrota en un abrir y cerrar de ojos. En pocos minutos enfrentará en el improvisado dohyo al hercúleo Sebastián Montes, un electricista matriculado de Retiro. El cordobés, que también es chef, recuerda que en el último Sudamericano tuvo que bailar con la más fulera: enfrentarse a su sensei: “Fue raro, era la última persona con la que querría pelear en el mundo. Le gané usando el utchari: aguanté su empuje y en el final pude sacarlo de combate.”

Montes cuenta que él tiene a Japón en casa. Su esposa es hija de inmigrantes nipones. En las comilonas en la casa de su suegro, se mezclan el chimichurri y el wasabi sin prejuicios. “Ese instante previo a lanzarme contra el rival es el más agradable de la pelea –asegura el yerno del sol naciente-. No hay que tener dudas, ser decidido y esperar la iluminación.” Alcanzar el satori. «

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.