Archive for the ‘Correcaminos’ Category

La vuelta de Sobre Sánchez

17/06/2018

Transbiografía, post novela y ensayo colapsado. Editorial Mansalva reedita Sobre Sánchez, el libro de Osvaldo Baigorria que sigue las huellas del errante Néstor Sánchez.

 

sanchez

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Tokio blues

01/05/2018

Ya es casi la una de la madrugada y los cuatro bebedores que pidieron copas de shochu y de sake en un bar que se llama Tocorodocoro se apresuran a pagar porque el último tren de la noche está por partir. Le dejan sus yenes a Cheki, la barwoman de este sitio diminuto, una mujer de sonrisa fácil y voz un poco ronca, y toman sus abrigos. Los cuatro bebedores muy pronto estarán corriendo por los túneles de la estación de Shinjuku, adonde confluyen seis vías distintas, y serán los últimos entre los dos millones de pasajeros que hoy -tal como ayer y como mañana- habrán pasado por ahí.

Los que no nos apresuramos y nos quedamos con una copa en la mano estamos todavía aquí en Golden Gai, un laberinto de bares muy pequeños, un hormiguero situado en el centro de Tokio. De las tabernillas de Golden Gai muchos salen caminando en zigzag: por la noche los japoneses pueden olvidarse de toda la disciplina que los hace tan poderosos de día. La cuenta de Instagram @shibuyameltdown es una colección de fotos de oficinistas ebrios, echados en el piso, a veces sobre su propio vómito: son los que se emborrachan para dejar de pensar en el jefe. Sería pintoresco, si no fuera, en realidad, el modo en el que muchos salarymen lidian con las presiones del sistema laboral más exigente del mundo.

Una crónica de Javier Sinay. Se lee en La Nación por acá.

Rezo por vos

06/03/2018

El maha mantra es la banda de sonido que flota en el aire. Dieciséis palabras en un loop eterno. “Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna, Krishna, Hare, Hare, Hare Rama, Hare Rama, Rama, Rama, Hare, Hare”, rezan hace más de una hora, sin prisa, sin pausa, una docena de calvos devotos. El repique acelerado sobre los parches del mridanga acompaña el canto vespertino, en el templo de Colegiales, corazón espiritual de Palermo Bollywood.

Con barro traído del Ganges, el monje Vasudeva Das lleva tatuada la tilaka, una marca que representa a dios en su rostro. También el cansancio por la jornada dilatada. “Es que nos despertamos a las 4 de la matina para los primeros rezos. Después salimos a vender libros, cocinamos, estudiamos… Por ahí se tiene una idea muy light de nuestra vida, pero en realidad es más bien activa”, explica este porteño de 27 años, más de cinco dedicados con devoción a las deidades de la India. Cuenta que era vecino del templo, miembro de una familia con poco fervor religioso y egresado de un frío colegio industrial. Siempre tuvo curiosidad por la metafísica, por encontrar respuestas a sus titubeos existenciales. Leía a Nietzsche: “Antes de entrar acá, veía que la gente era muy artificial, muy careta. Desde chico siempre me hice preguntas sobre la vida, la muerte… En un encuentro humanista conocí a los devotos; empezaron a cantar el maha mantra y sentí una alegría que es difícil de poner en palabras. Te llena”. Se acercó al templo y probó una clase de Bhakti Yoga, la práctica de la contemplación y devoción absoluta. Le gustó. “Y empecé a estudiar el Bhagavad-gītā, uno de nuestros libros sagrados, los principios, a llenar el vacío”. Al tiempo, decidió hacerse monje residente, dejó atrás el nombre de Lucas que figura en su documento, se encomendó por completo a Krishna y en una ceremonia de iniciación su maestro lo bautizó Vasudeva Das, el que está “al servicio del todopoderoso”.

Vasudeva cumple a rajatabla los estrictos preceptos del Movimiento para la Conciencia de Krishna: dieta sin carne, huevos ni pescado. Cero drogas y tabaco. Está prohibido tener una “vida sexual ilícita” y también los juegos de azar. “Son principios regulativos para limpiar la conciencia. El cuerpo es el templo del señor supremo y por eso hay que cuidarlo”. El monje viste su santuario de piel y huesos con una túnica llamada dhoti. Luce colores níveos, que indican que se encuentra en pareja. Sus compañeros, con atavíos naranjas, optaron por el celibato.

Antes de unirse a las plegarias colectivas en la nave central, Vasudeva riega con parsimonia los plantines de tulasí, la venerada “albahaca india”. Su madera se usa para forjar collares y rosarios, la japa mala de 108 bolitas que guía el maratón de rezos. La doctrina obliga como mínimo 16 vueltas diarias a la ristra. El maha mantra recitado 1728 veces. “No me canso nunca. Me da alegría, me da energía”. En sánscrito, krishna y rama significan “el placer supremo”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Una puta elegante y veterana

15/01/2018

¿Por qué queríamos ir a Buenos Aires a pasar los últimos días del año? Podría decir que tenía algunas reuniones más o menos importantes, y no mentiría. Pero la verdad es que Buenos Aires no apela a ninguna zona racional de mi cabeza. Buenos Aires es una antigua pasión, una querencia inexplicable, un punto vulnerable, una obsesión. Las obsesiones no se curan ni se reprimen: uno se entrega a ellas, resignado. Mi enamoramiento de Buenos Aires comenzó cuando tenía dieciocho años y no sabía que estaba enamorándome de una puta elegante y veterana, que habría de maltratarme y serme infiel, solo para seguir amándola todavía más, como se ama en las grandes pasiones incomprendidas. Me dicen: pero Buenos Aires es vieja, decadente, apesta, huele mal, está decrépita, ha envejecido fatal. Y yo digo: sí, sí, pero la quiero igual, la quiero precisamente por eso, porque es una meretriz antigua, afrancesada, de la que vivo enamorado sin remedio, a sabiendas de que me complacerá solo cuando a ella, tan díscola, se le antoje.

Una columna de Jaime Bayly, se lee completa por acá.

Pulgar a fondo

01/01/2018

En aquella época los pibes todavía jugaban con autitos. El pequeño Alberto Marcolongo no era la excepción. “Uf, tenía pilas: los Dinky Toys, los Solido, todos de colección. Aunque no parezca, soy de una era anterior al Scalextric, de tracción a sangre. No se imagina lo que fue cuando llegó al país, a principios de los ’60, ¡una revolución!”, recuerda Marcolongo, ya maduro, en las entrañas de AÑEslot, el templo pagano del automodelismo nacional que conduce desde el año 2004. Su vínculo con los bólidos, sin distinción de porte, viene aceitado en su ADN. Su padre, Oscar, fue piloto de Turismo Nacional y director del equipo Fiat. “En mi casa –sentencia– se respiraba mecánica”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Octubre rojo

16/10/2017

A finales de septiembre de 1917, vino a verme a Petrogrado un profesor extranjero de Sociología que se encontraba en Rusia. En los círculos intelectuales y de negocios había oído decir que la Revolución había empezado a ralentizarse. El profesor escribió un artículo sobre este tema y emprendió un viaje por el país, visitó ciudades fabriles y aldeas donde, para su sorpresa, la Revolución estaba claramente en ascenso. Oía hablar continuamente a los obreros y campesinos de lo mismo: “la tierra para los campesinos, las fábricas para los obreros”. Si el profesor hubiera estado en el frente, habría oído a todo el Ejército hablando de la paz.

Un fragmento de Los 10 días que estremecieron al mundo, de John Reed, se lee completo por acá.

Habano Affair

01/10/2017

Roberto es el elegante caballero que da la pitada inicial de la tarde. Todos los jueves a las 13, religiosamente, se apersona en La Casa del Habano para cumplir con la liturgia. Es un empresario ligado al mundo de los seguros, tiene 83 joviales años y más de 20 dedicados al cigarro. “Vengo acá y entro en otro tiempo. Uno se sienta en el sillón, conversamos, pero también se piensa mucho”, dice, al tiempo que disfruta de su vistoso H. Upmann Half Corona. En sus años mozos, fue un moderado fumador de los delgados Particulares 30. “Pero esto es otro mundo. Le doy un ejemplo: fíjese cómo se apaga el cigarrillo. Se lo retuerce, se lo maltrata. Al habano se lo deja morir en el cenicero, con dignidad. Una muerte natural.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.