Archive for the ‘Correcaminos’ Category

Todo un palo

15/08/2017

Nicolini es un baqueano experto en la geografía de las boleras nacionales. Con 63 años sobre el lomo, lleva más de 40 derribando bolos con la potencia de sus bombazos. Su fervor por la disciplina de palo chico arrancó en los ’70, años tórridos de la primera “fiebre del bowling” en estas tierras. Su bautismo de fuego fue en el club Morón. Con la vuelta del general Perón al país, Nicolini y su barra de amigos resignificaban una de las máximas justicialistas: iban de casa a la bolera y de la bolera a casa. “Estaban los clubes, pero también empezaban a proliferar las confiterías. Era una salida económica, bien popular. Te tomabas una gaseosa, comías un sánguche y jugabas unas líneas por menos de 2000 pesos moneda nacional, dos fragatas”, recuerda, mientras calibra el primer tiro de la noche.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en Tiempo Argentino por acá.

Hijos del circo

24/07/2017

El cónclave de la familia Gómez se da poco antes de subir las escaleras que llevan al cielo de la carpa. En pocos minutos estarán columpiándose a 13 metros de altura. No es tiempo de andar sacando trapitos sucios ni viejas disputas de alcoba. El número exige concentración máxima y, sobre todo, trabajo en equipo. “El nuestro es un acto de arrojo, con mucha valentía.  Participan mi marido, mi hijo y mis hermanos. Si hay problemas, quedan acá abajo. Trabajo es trabajo”, se ríe Karen, la matriarca chilena de las Águilas Humanas. Entre las proezas que realizan alto en el cielo, se pueden destacar el “cruce de la muerte” y el “triple salto mortal”, prueba máxima de la disciplina. “Seguro que nos gusta el riesgo, señor –asegura–. Las palmas del púbico nos hacen olvidar el dolor de las caídas.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee en Tiempo Argentino, por acá.

Polvo de estrellas

19/07/2017

Rubén Danilo está caliente. “Es que me gusta arrancar a horario, señor, y estamos un poquito demorados. Ya tengo el set preparado para el casting en la planta alta, pero hay muchachos que todavía no dieron señales de vida”, se queja el veterano director, referente del cine XXX nacional. Mientras baja la temperatura bebiendo un vasito de gaseosa con hielo, resalta que tuvo 120 interesados para participar del rodaje, protagonizado por la actriz Milena Hot. Casi un centenar, del interior del país. Caballeros que por 1000 pesos desean tener su debut soñado en el universo del porno: “Si ponemos que es gratis, viene pila de gente y no sirve. Me gusta cuidar las producciones. Al final van a concretar unos doce. Pero todos no van a venir. A muchos les agarra miedito.” A último momento, temen que el sueño húmedo se transforme en pesadilla a secas.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en el diario Tiempo Argentino, por acá.

Una isla guaraní rodeada de tierra

10/07/2017

Vori vori, pastel mandi’o, chipa guasú, mbejú y butifarra. “Pero no se olvide de la sopa paraguaya, señor, el plato nacional”, alecciona con aires de chef de cuisine Pilar Cuevas, en la cabecera de una mesa superpoblada por los manjares emblema de la gastronomía guaraní. La coqueta jubilada nacida en la ciudad de Limpio, en la región central del país vecino, hace gala de sus saberes culinarios: “Hay que conseguir maíz bien pisado, huevos de campo, queso fresco y la crema de leche, que es la clave para que salga bien esponjosa. Si el paraguayo celebra, no puede faltar su sopa seca. Por suerte, tampoco la cachaca. La fiesta es para comer, pero sobre todo para bailar”. Luego, despabila a su marido del sopor dominical y juntos disparan hacia la atiborrada pista. Mueven el esqueleto al ritmo de un clásico de Los Rehenes. “Vengo para ver a mis amigos y por prescripción médica –dice agitada la dama de rabiosos cabellos colorados, tira una voltereta y se enreda en los brazos de su don Juan–. Comer rico y bailar alargan la vida”. La disco Carroussel, espacio vital de la colectividad paraguaya en la Argentina, luce un lleno ejemplar en los festejos de San Juan. A miles de kilómetros de sus terruños, cientos de paisanos mantienen viva la antiquísima celebración, que combina raciones desparejas de fogoso ardor religioso, embriaguez popular y orgullo nacionalista a larga distancia. Una isla guaraní rodeada de tierra, a pasitos del Nuevo Puente Avellaneda.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro en Tiempo Argentino, por acá.

En el camino

27/05/2017

Hay tantas maneras de caminar como bípedos hay en el mundo, y cada uno encontrará su modo particular, su gesto único, su ritmo. El de Edgard Scott en Caminantes (Ediciones Godot, 2017) se organiza en torno a lecturas de autores que fueron encontrando, al andar, una peculiar trascendencia, un estilo. No encontraron necesariamente la salud, que de tanto caminar a veces se pierde. Ya en el prólogo a su traducción de Caminar de Thoreau, Scott había insinuado un desdén por el andar como deporte o prescripción médica y cierta atracción por esas figuras de artistas del camino que en este nuevo libro se clasifican como flaneurs, paseantes, vagabundos y peregrinos.

En este pequeño librito, delicadamente ilustrado por Tobias Wainhaus, desfilan Baudelaire y Sarmiento, Walser y Rosseau, Sebald y san Ignacio, Stevenson y Rimbaud, Luis Gusmán y Carlos Correas, entre otros. Rasgos en común: de género masculino, estas figuras se recortan solas, no van en compañía aunque si la encuentran podrán sostenerla un tiempo en busca de alguna quimera, y después partirán de nuevo, seguirán su yiraje, su trottoir. Se camina a solas porque dos ya es multitud: consigna linyera de los errantes pampeanos, algunos de los cuales fueron singulares narradores orales y aquí también aparecen.

Un reseña firmada por Osvaldo Baigorria en la revista Ñ. Se lee completa por acá.

Poesía estatal

15/05/2017

 

(more…)

Cuchillo entre los dientes

17/04/2017

Pesada, en caída libre, la maza golpea el acero que reposa tórrido sobre el yunque. Ante cada embestida, el vapuleado metal dispara decenas de chispas como un volcán en erupción. Con dosis desparejas de templanza y frenesí, los mazazos de Mariano Gugliotta dibujan el candente acero de Damasco. “¡Guarda con los chispazos! –advierte el artesano y ensaya la arremetida final–. Como le comentaba hace un rato, este va a ser un cuchillo multilaminado, con varias capas. El proceso es largo: hay que limpiarlas, llevarlas a 1200 grados en la fragua y luego hacer el caldeo a puro golpe: una soldadura sin electrodos. Imagínese el trabajo para lograr el dibujo, es como un hojaldre. Arranco con 20 capas, pero se van plegando, después son 40, 80… Soy el segundo que lo hizo en el país. El primero fue mi padre”.

Gugliotta lleva en los genes el noble oficio de forjar hojas afiladas. La saga familiar arrancó hace varias décadas, cuando su abuelo Miguel llegó de Italia a hacer la América. En el campo comenzó a trabajar en un taller de herrería y adoptó el gusto gaucho por los facones. Su hijo Miguel, mecánico de profesión, heredó la pasión por trabajar el fierro. “Mi viejo fue explorando esta técnica artesanal que viene de los romanos –recuerda Gugliotta–. Le preguntaba a mi abuelo sobre herrería, pero también aprendía de las revistas especializadas yanquis que llegaban acá en los ’80. Pateábamos Corrientes para revolver las mesas de saldos y por ahí aparecía alguna”.

Golpe a golpe sobre el yunque, papá Miguel se transformó en un secreto a voces de la cuchillería. Su otra pasión eran las artes marciales, y un día decidió forjar katanas, el sable curvo de los samuráis. Su fama atravesó fronteras: le llegaban pedidos desde Estados Unidos y aun de Japón. Una tarde, Lou Reed, fan y coleccionista, visitó el taller de Villa Soldati para asegurarse una espada.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.