Archive for the ‘Diálogos’ Category

Merino dice

26/11/2017

En octubre de 1981, con 19 años, Roberto Merino escribió “Transmigración”, un libro de poesía oscuro y romántico en el cual descubre, hechas trizas, las luces del amor. Por entonces Merino creía en la mujer fatal, estudiaba Literatura en la U. de Chile –se graduó con una tesis sobre “La nueva novela” de Juan Luis Martínez– y percibía en la ciudad de Santiago la presencia de energías lúgubres, primitivas. “Transmigración” se publicó en 1987 a instancias del propio Martínez y, luego de treinta años, Lecturas Ediciones acaba de reeditarlo. Acá, el columnista más influyente de LUN recuerda la vida literaria de esa época –cuya densidad intelectual lo terminó asfixiando– y la galería de desquiciados que animaban el Paseo Ahumada. También critica a Martín Cárcamo y explica por qué la vida toma siempre la forma de un laberinto.

“El fascismo es una condición latente que tenemos todos, y que es muy fácil de despertar. Basta que tú le garantices impunidad a alguien si hace suyo tu discurso y ya tienes un fascista, de derecha, de izquierda, mapuche, lo que sea. ¿De dónde salieron todos los delatores después del Golpe, esos 25 mil civiles ayudando a la dictadura? Era el señor que te cruzabas en la calle, el dueño del kiosco que te vendía los cigarros. Es realmente muy fácil. Cualquier discurso que te ofrezca impunidad para linchar a otro, o para obligarlo a hacer un mea culpa, te puede convertir en facho.”

Leé la entrevista completa en The Clinic, por acá.

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Habano Affair

01/10/2017

Roberto es el elegante caballero que da la pitada inicial de la tarde. Todos los jueves a las 13, religiosamente, se apersona en La Casa del Habano para cumplir con la liturgia. Es un empresario ligado al mundo de los seguros, tiene 83 joviales años y más de 20 dedicados al cigarro. “Vengo acá y entro en otro tiempo. Uno se sienta en el sillón, conversamos, pero también se piensa mucho”, dice, al tiempo que disfruta de su vistoso H. Upmann Half Corona. En sus años mozos, fue un moderado fumador de los delgados Particulares 30. “Pero esto es otro mundo. Le doy un ejemplo: fíjese cómo se apaga el cigarrillo. Se lo retuerce, se lo maltrata. Al habano se lo deja morir en el cenicero, con dignidad. Una muerte natural.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Surfistas de la tercera ola

11/09/2017

Lo primero que hay que decir sobre las feministas chilenas, es que tienen razón. No faltan en la vida de la mayor parte de las mujeres chilenas los golpes, las muertes, las violaciones, aunque esos extremos no son más que la metáfora sangrante de un perpetuo estado de humillación, una infinita metáfora de esta minoría mayoritaria, tratada al mismo tiempo como diosas de fertilidad y esclavas que deben agradecer el látigo de la diferencia y la indiferencia que se descarga sobre sus espaldas por un sí y, sobre todo, por un no.

Una columna de Rafael Gumucio en The Clinic. Completa por acá.

Escritos contraproductivos

21/06/2017

Néstor Sanchez

Quisiera compartir y recomendar algunas lecturas de autores que, en distintas décadas del siglo XX, desde los márgenes interiores de ese sistema que en Argentina suele distinguirse como “literatura”, cuestionaron el crecimiento de los dispositivos de control burocráticos, mercantiles y académicos sobre la creación artística en general y literaria en particular. Por su oposición a las ideologías productivistas y consumistas, estos autores pueden ser considerados como parte de una constelación crítica que reivindicó a la literatura como un arte que, por ser arte, no es o no debería ser un trabajo, o no debería estar condicionado por el trabajo.

Una conferencia de Osvaldo Baigorria, se lee completa por acá.

¿Terrorismo mapuche?

11/06/2017

La discusión sobre si se debe aplicar o no la ley antiterrorista en ciertos casos de violencia acontecidos en La Araucanía es más lo que oculta que lo que esclarece. ¿Es un acto terrorista la quema de camiones madereros? Depende: si se descubre que el móvil es cobrar seguros comprometidos o generar algún tipo de privilegio o ganancia económica, es obvio que no sería un acto terrorista, sino una infracción común con rasgos de estafa. Y para ese tipo de delitos existen las leyes comunes. Si el objetivo, en cambio, es causar terror y alarma pública en la zona para llamar la atención respecto de la causa de un grupo cualquiera, es evidente que estaríamos ante un delito de tipo terrorista, y es de suponer que si el delito es ése, la ley que corresponde aplicar es aquella confeccionada especialmente para tales circunstancias. Pero ésta es una discusión de abogados, no de políticos. El problema que se vive en La Araucanía no se arregla decidiendo si quemar un camión es un acto terrorista o no. Este conflicto no lo resolverán los abogados, ni los políticos que hablan como ellos; ni lo concluirá tampoco la fuerza pública (sólo los dictadores piensan que los problemas políticos se solucionan dando golpes de Estado). Los que han llegado a la convicción de que al interior de un Estado sólo se reconocen individuos y no grupos con identidades que respetar tampoco serán de mucha ayuda en este entuerto, porque mientras ellos piensan aquello los miembros de esos grupos creen todo lo contrario, y en esa falta de reconocimiento encuentran el combustible para su combate. Más aún, está precisamente en ese desdén el origen de la violencia. ¿Los mapuche no han dado acaso muestras suficientes, a lo largo de varios siglos, de una voluntad de pertenencia a un colectivo distinto del Estado? ¿Por qué no reconocerla?¿Por qué desdeñarla con tanto encono?

Una columna de Patricio Fernández en The Clinic. Se lee completa por acá.

Lemebel entrevista a Bolaño

01/11/2016

A fines de los 90, Lemebel empezó a hacer entrevistas en la Radio Tierra, donde ya leía sus crónicas. El programa se llamaba “Si Nos Dejan” y de fondo sonaba la canción del mismo nombre interpretada por Luis Miguel. Un buen día de 1999, y sin avisarle a nadie, Lemebel llegó a la radio con Roberto Bolaño.

Usted está con Pedro Lemebel, absolutamente en vivo y con un invitado a quien le tengo un cariño muy especial: el escritor Roberto Bolaño, que por estos días nos visita como invitado especial a la Feria Chilena del Libro.

¿Cómo estás, Roberto?
Muy bien, Pedro.

Estoy un poco nervioso, Roberto. No me pasa nunca.
Debe ser mi presencia.

Tu presencia y tu aura. Comencemos hablando de la radio. Cuéntame cuál es tu memoria, tu relación con este medio por el cual la gente tiene la oportunidad de escuchar tu sedosa voz.
Una primera relación es infantil: recuerdo a mi abuela o a mi madre oyendo las radionovelas, unas cosas terroríficas que no acababan nunca, y a veces me ponía a escuchar con ellas aquellas historias. Para mí es un sinónimo de tardes en el sur, de horas muertas donde aparentemente no ocurría nada. Y luego de la radio de mi edad adulta tengo un recuerdo bastante malo, una época donde estaba en un estado catatónico y escuchaba la radio como quien se pincha heroína. Yo creo que había quedado zombi.

¿Y qué escuchabas en esa radio?
Escuchaba todo. Me encantaban las conversaciones nocturnas, generalmente de chismorreos. También escuchaba programas deportivos nocturnos. Siempre de noche. No podía dormir y escuchaba la radio.

Se lee completa en The Clinic por acá.

¡Que viva Caicedo!

17/10/2016

La reciente publicación de Cuentos completos de Andrés Caicedo por Alfaguara es un nuevo aporte para la construcción del mito de este autor como artista adolescente. Aquí se reúnen relatos ya publicados en ediciones separadas, a excepción del inédito “El ideal”, escrito cuando Caicedo tenía menos de 15 años y  reproducido en edición facsimilar. El resto son en su mayoría conocidos incluso por lectores argentinos, incluidos Calicalabozo y Angelitos empantanados (o historias para jovencitos), dos de las series de cuentos de este nuevo paquete que se cierra con una última parte que reproduce la nouvelle “El atravesado”, publicada en 1998 en Bogotá por Editorial Norma.

Tener todos estos relatos breves en un solo volumen no deja de ser una comodidad para una lectura panorámica de esta obra despareja, con sus altibajos, textos conmovedores  y otros olvidables o que se empantanan tanto como sus niños-protagonistas, en parte por los riesgos asumidos al incorporar jergas tribales, términos ensamblados o invertidos, saltos de puntos de vista y otros experimentos de época.

Una nota de Osvaldo Baigorria, se lee completa por acá.