Archive for the ‘Ensaladas’ Category

Grandes valores

20/05/2018

Rolo Quintana brilla en el universo del espectáculo argentino como una estrella distante: “Tengo un carrerón, querido. Imaginate que debuté de muy pibe, a los cinco años. ¡Fui niño prodigio! Hice mucho cine y televisión”, saca chapa el caballero de gafas ahumadas –que por coquetería evita revelar su edad– mientras almuerza pollo a la plancha con ensalada de zanahoria, en el comedor de la Casa del Teatro. Hizo gala de sus dotes actorales en films de la edad de oro del cine nacional, como La cuna vacía y Toscanito y los detectives. “Ojo que también canté mucho y pude hacer giras por toda América Latina. Siempre buscando. También fui comerciante: vendí antigüedades y hasta tuve un restaurante, pero no terminó bien esa historia”. Enseguida, el actor narra un drama de enredos económicos ambientado en el país del 2001, que titula con ironía: “Bueno para la actuación y malo para los negocios”. Los problemas financieros lo dejaron fuera de escena, pero nunca bajó los brazos y mucho menos perdió la pinta. Hace unos años, todavía en la mala, Quintana halló reparo en la Casa del Teatro: “Acá encontré una cama, contención y muchos amigos, mis pares”. Cada tanto, entre café y guitarreadas, rememora con sus compañeros de pensión el sano vicio del canto, y el de los aplausos: “Acá conocemos la magia del escenario. Y es imposible olvidar la pasión del público, te llena el alma”.

El “bailaor” Fernando Ortega es otro de los 35 artistas que comparten el techo de la institución fundada en 1938 para asistir a antiguos laburantes del espectáculo. Con Quintana son amigos hace más de cuatro décadas: comparten mesa puntualmente todos los almuerzos. Durante más de medio siglo en el gremio del flamenco, Ortega le sacó viruta a miles de escenarios. Bailó con todas y todos, hasta para la más grande, Lola Flores, “la faraona”. El recitado y sus pies siempre le dieron de comer. Ahora, con 72 pirulos bien llevados, está retirado. “Acá encontré mi oasis –dice–. Me he pasado la vida dando patadas. Este es el momento del reposo del guerrero, con mis amigos, el broche perfecto de mi carrera. ¡Y olé!”.

 

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino, completa por acá. 

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Una puta elegante y veterana

15/01/2018

¿Por qué queríamos ir a Buenos Aires a pasar los últimos días del año? Podría decir que tenía algunas reuniones más o menos importantes, y no mentiría. Pero la verdad es que Buenos Aires no apela a ninguna zona racional de mi cabeza. Buenos Aires es una antigua pasión, una querencia inexplicable, un punto vulnerable, una obsesión. Las obsesiones no se curan ni se reprimen: uno se entrega a ellas, resignado. Mi enamoramiento de Buenos Aires comenzó cuando tenía dieciocho años y no sabía que estaba enamorándome de una puta elegante y veterana, que habría de maltratarme y serme infiel, solo para seguir amándola todavía más, como se ama en las grandes pasiones incomprendidas. Me dicen: pero Buenos Aires es vieja, decadente, apesta, huele mal, está decrépita, ha envejecido fatal. Y yo digo: sí, sí, pero la quiero igual, la quiero precisamente por eso, porque es una meretriz antigua, afrancesada, de la que vivo enamorado sin remedio, a sabiendas de que me complacerá solo cuando a ella, tan díscola, se le antoje.

Una columna de Jaime Bayly, se lee completa por acá.

Los lanzallamas

08/01/2018

Blanca y radiante. Así luce la dragona albina Hobsyllwin en las entrañas de la Rural. Con dosis desparejas de sutil ferocidad y delicada belleza, la bestia recibe a las familias y curiosos que visitan Dragonland. “No, a mí estos bichos no me mueven un pelo, más me asustan los precios cuando voy al supermercado. ¡Pero mi nieta la vio y se pegó flor de julepe!”, asegura Juan Manuel Ferrán, un abuelo estoico que se planta fiero frente al mastodonte, joya del bestiario montado este infernal verano en Palermo.

Las historias de dragones atraviesan las mitologías de las más diversas civilizaciones, de los cinco continentes y los siete mares. Vikingos, celtas, mayas, chinos y hasta tehuelches dieron cuerpo a este ser alado, serpentino, de mirada penetrante y lengua viperina. Nidhogg para los nórdicos, la emplumada Quetzalcóatl azteca, el bravo Ryujin marítimo japonés y hasta el satánico Leviatán cristiano. En El libro de los seres imaginarios, Jorge Luis Borges escribió que “el dragón rige las montañas, se vincula a la geomancia, mora cerca de los sepulcros, está asociado al culto de Confucio, es el Neptuno de los mares y aparece en tierra firme”. Shakespeare había observado incluso que hasta hay nubes con forma de dragón.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, en Tiempo Argentino, se lee por acá.

 

Misterios del ministerio del arte

11/12/2017

Una cosa es el arte contemporáneo y otra cosa es el sistema del arte contemporáneo. En el sistema está todo lo que no es obra. Incluida la sociabilidad, que hace que algunos artistas terminen yendo a inauguraciones y a “eventos” porque lo consideran parte de su trabajo. En el arte está lo que importa, la cosa: la capacidad de una obra de reiterar que vale la pena cierto ahogo y cierta conmoción para caer en el desprejuicio que nos haga sentir reales por un momento. Si nos ponemos sintéticos podemos decir que este libro trata sobre eso, ya desde su título indeciso: ¿Es el arte un misterio o un ministerio?: el arte contemporáneo frente a los desafíos del profesionalismo. El peligro de cualquier sistema es que se refuerce con lo que ya sabíamos y no sorprenda, nos instale en una depresión sin ética.

El libro reúne una serie de conferencias que se dictaron en la Universidad Di Tella en 2015, organizadas por la curadora Inés Katzenstein y el ensayista Claudio Iglesias. El tema central era la relación entre arte y trabajo. Digamos: si un artista es o no un trabajador. Si el sistema del arte es o no una internacional productivista de signos y dinero. En el rincón del Misterio están el concepto de autonomía, el arte como lo único que puede estar fuera del mundo para crear nuevas maneras de ser en él, un mundo no imaginado, no proyectable, un mundo en estado de gracia. En el rincón del Ministerio están la organización, los roles, las disciplinas, el trabajo en equipo y la función social de hacer del arte un mecano más de la maquinaria, del ritmo mundial de intercambio.

Un artículo de Juan Laxagueborde, se lee completo en Radar de Página 12, por acá.

Las orquídeas del señor Ogata

04/12/2017

“Para todo el mundo soy productor. Al principio era un simple aficionado, pero no voy a andar con vueltas: en realidad, soy un loco de las orquídeas”, confiesa, sensato, Gustavo Ogata, y se pierde en un calmo océano verde esmeralda vegetal: cientos de orquídeas con flores en ciernes, que pueblan el invernadero de la floreciente firma Ogata Orchids. Su vida entera, asevera el señor Ogata, gira en torno a este colorido y perfumado universo, que crece desde el pie en un arrabal del partido de San Miguel. Pero no siempre fue así.

“Este es el barrio de mi infancia. Acá nació el emprendimiento de mi padre hace más de cinco décadas, cuando esto era puro campo pelado. A mi viejo le gustaba el verde en general, y las orquídeas en especial. De él heredé este oficio. Tuve idas y venidas, pero lo asumo como un legado familiar”, se sincera el hombre de 51 años. Su papá, Kiyoaki Ogata, sapiente ingeniero agrónomo japonés, llegó al Conurbano desde la isla de Kyushu, región sureña de las nueve provincias, a finales de los cincuenta: “Vino a hacer unos estudios de suelo en Bahía Blanca y Capilla del Señor. Y se quedó fascinado con la tierra fértil de las pampas, pero sobre todo con la grasita del asado y los mates. Entonces, decidió radicarse en la Argentina”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Completa en Tiempo Argentino, por acá.

Surfistas de la tercera ola

11/09/2017

Lo primero que hay que decir sobre las feministas chilenas, es que tienen razón. No faltan en la vida de la mayor parte de las mujeres chilenas los golpes, las muertes, las violaciones, aunque esos extremos no son más que la metáfora sangrante de un perpetuo estado de humillación, una infinita metáfora de esta minoría mayoritaria, tratada al mismo tiempo como diosas de fertilidad y esclavas que deben agradecer el látigo de la diferencia y la indiferencia que se descarga sobre sus espaldas por un sí y, sobre todo, por un no.

Una columna de Rafael Gumucio en The Clinic. Completa por acá.

Luche y vuelve

08/05/2017

“No, señor, al vestuario no se puede entrar. Esa es una regla que aprendí de Karadagian. Se pierde la magia”, dispara, con cara de pocos amigos, el fornido Sergio “Rocky” Rolando. El pope de la Federación Argentina de Catch (FAC) cuida hasta el último de los detalles antes de que comience la primera pelea de la tarde en el Club Checandone, de Villa Domínico: desde el volumen de los parlantes hasta la elasticidad de las cuerdas que marcan las fronteras del ring. En las gradas, improvisadas en la canchita de futbol 5, una jauría de pibes pelean por un lugar junto al cuadrilátero. “Vine con mis nietos. Me gusta el catch desde la época de Titanes en el Ring, en los ’60 mi viejo tenía la única tele blanco y negro del barrio, y se juntaban todos los vecinos en casa a ver las peleas. Estaban la Momia, Comanche y el ‘Ancho’ Rubén Peucelle, que tenía un lomazo bárbaro”, confiesa Mirtha, emperifollada de gala para el evento. No muy lejos, Rocky Rolando se baña en Off para combatir la marabunta de mosquitos que invade el sur de Avellaneda. Ya suena un inoxidable clásico del film de su tocayo Balboa. Rolando se calza una campera adornada con tiras de cuero y un gorro oscuro haciendo juego. Sube, toma el micrófono, traga saliva y agita a la masa: “¿¡Quieren ver lucha!?” Le responde el grito ensordecedor de los chicos de Domínico. El gladiador eleva los brazos al cielo y dice: “¡Bienvenidos a la magia del catch!”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino. Se lee por acá.