Archive for the ‘Lemebel’ Category

Lo lloraremos como a los héroes muertos

22/04/2017

Por Álvaro Bisama

La primera vez que escuché la voz de Pedro Lemebel fue en un casette pirata que circulaba en la década del 90. Yo era pendejo y estudiaba castellano en una universidad de Valparaíso. Lemebel aún no publicaba ningún libro. Yo ya había escuchado sobre las Yeguas del Apocalipsis, de ese mito urbano del Santiago de los 90. Las Yeguas habían estado ahí, habían incendiado todo y luego se habían deshecho tal y como los hacían las bandas de rock, dejando un vacío que era una extraña nostalgia. Pero Lemebel escribía. Leía esas crónicas en la radio Tierra, colaboraba con algunas revistas desaparecidas como “Página Abierta”, existía en los bordes de la narrativa chilena de los 90, tan dada a la felicitación, tan ridícula en sus sueños de gloria.
Lemebel no era nada de eso. Sus textos ya contenían la ferocidad de una escritura va descubriendo sus propios modos, decantando un estilo, una gramática que puede contener o inventar un mundo. Sus textos hablaba de lo que no se hablaba en esos años: muchachos muertos por el SIDA, música popular sonando el dial de los espacios íntimos de la memoria, íconos pop donde el deseo era un disfraz de la nostalgia, además de la descripción de un Santiago secreto que no había sido tocado por la literatura chilena en muchos años y que, en esa época, podía proponerse como la refutación de todo el discurso oficial del gobierno de Frei Jr. sobre los derechos humanos y los logros económicos de los “jaguares de América Latina”. (more…)

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La Pedra de Chile

13/03/2015

EDITORIAL-581

“No recuerdo si fue durante 1999 o a comienzos del 2000 cuando Pedro Lemebel se incorporó a The Clinic. Acababa de terminar el gobierno de Frei Ruiz Tagle, y aunque habían transcurrido diez años desde el fin de la dictadura, permanecía la sensación de ahogo. Había que romper las normas con personalidad. Si algo estaba prohibido, era bueno, y Pedro venía desde hace rato avivando la escandalera. No recuerdo un homosexual que hiciera alardes de mariconería en el espacio público antes que él. Una de las varias veces que discutimos (yo no compartía su radicalidad), me dijo: ‘y no te olvides que soy bien maricón para mis cosas’. Eso quería decir que podía salir con cualquier cosa (…) Pedro no imaginaba en la página, sino en la vida. Desde fines de los años 80 que venía tachando los aconteceres rutinarios con su cuerpo escritural. Las Yeguas del Apocalipsis no aparecieron para festejar la democracia que retornaba, sino para cuestionarla. Cada vez que Pedro y Pancho –o la Pedra y la Pancha- aparecían, se instalaba la desazón, y al nuevo orden pretendido le temblaban las cañuelas.” Patricio Fernández escribe sobre Pedro Lemebel, se lee completo en The Clinic por acá.

Adiós mariquita linda

23/01/2015

Manifiesto (Hablo por mi diferencia)

Por Pedro Lemebel

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

El grito de Lemebel

02/11/2013

“Ahora que han pasado casi treinta años desde que leyó en público sus primeros textos, ahora que ya es parte de nuestro paisaje literario de modo imborrable, ahora que ya todo ha cambiado; vale la pena recordar que los libros y las crónicas de Pedro Lemebel estuvieron ahí para nosotros cuando había poco y nada. Por lo menos, fue así para mí. Lemebel era uno de los antídotos a muchas de las cosas que mis profesores enseñaban con una fe ciega que en realidad era una máscara de la ignorancia, a los lugares comunes que vendían los suplementos culturales, a lo que yo mismo creía que debía ser la literatura. Lemebel era la guerrilla, la calle, una poesía hecha de escombros y restos, de canciones perdidas, de las imágenes de ídolos musicales recortados de viejas revistas de las que nadie se acordaba, pero que estaba indudablemente viva.” El escritor chileno Álvaro Bisama escribe sobre Pedro Lemebel y su obra. Se lee por acá.

La plegaria social de Lemebel

18/10/2013

“Es que la prosa de Lemebel resiste, esto es notable en este libro, Háblame de amores . En estas crónicas donde habla irónicamente de congresos literarios, ferias, aeropuertos, museos y otros tinglados de esa naturaleza, el escritor con su cuerpo trasciende la frontera nacional para entremezclarse con esas instalaciones que la convención literaria ha bautizado como reconocimiento. Esto lo relata en ‘La Noy, Buenos Aires y el Malva’, con un humor ácido, y esa ternura rural que le atribuye a su padre en la dedicatoria del libro. En ‘El tsunami de Lindorfo’ materializa y metaforiza su escritura: un terremoto. Cuando se lo lee, la tierra tiembla y el mundo se convierte en un tembladeral. Esta crónica cuenta cómo la tierra se parte en dos: “Y ahí mismo vino el terremoto, dejando la mierda de cataclismo que no paraba nunca, señor. Y pasó un minuto y seguía temblando, y otro minuto eterno que parecía calmarse, santo cielo, pero volvía más fuerte, arrancando los postes de la luz y los árboles. María Virgen. La gente corría, se caía, se hincaba, se arrastraba por la tierra, comía tierra, suplicando piedad, mi Dios, hasta cuándo.” Así respiran estos textos. Su puntuación es sísmica. Su lengua vituperante y blasfematoria. Pero no se trata del apocalipsis. En Lemebel, hay también ‘plegaria social’.” Luis Gusmán escribe en la revista Ñ sobre el último libro de Pedro Lemebel. Se lee por acá.

La molotov de Lemebel

26/09/2013

“Mira, cuando empecé a escribir crónica, año 87, todos querían ser novelistas. Ahora la moda crónica es un poco ansiosa y farandulesca, mucho viaje, mucho aeropuerto con whisky: esa crónica neoliberal me apesta. También la que se cree verdadera, tiene un aire de investigación objetiva que no soporto. Periodismo soplón con cámara en mano, es como un allanamiento. No hay escrituras más desafiantes o rupturistas, aunque Cristian Alarcón y su periodismo con olor a pueblo, me gusta, pero debería revolcarse más en su  antropofagia social. También me gustan las chicas del Teje, las del “Soy” (Página 12): La Naty, la Noy, la Susy… todas están tejiendo otro mapa de Buenos Aires maricucho… pero no necesitan madrinas académicas, tampoco el dandismo siútico a lo Wilde, que es tan conservador, ¿no crees?” Pedro Lemebel es entrevistado por Juan Pablo Cinelli en Tiempo Argentino, se lee completo por acá.

En las nubes de Lemebel

16/08/2013

“La Nube”, un texto de Pedro Lemebel que se lee completo por acá, o también acá abajo:

La Nube

Por Pedro Lemebel

Por entonces, en el Chile de los setenta, a los homosexuales no les gustaba la marihuana, la encontraban hedionda, decían que eran vicios de hippie. Andar fumado era andar evadido, como imbécil, atontado por la planta. Ellos preferían el alcohol, tomaban pisco, y cuando yo sacaba un fumo, se largaban a reír, se tapaban las narices, me encontraban roteca, volada, por eso me pusieron La Nube, porque según ellos yo siempre andaba en el aire.

Así era aquel ayer, cuando me juntaba con un grupo de locas quinceañeras a bacilar adolescencias, a deshilar babas inocentes en los testimonios sexuales de cada una contando primeros trotes a la caza de algún coito maripozon. Cada cual exponía su mejor pose narrando aquella primera vez, aquel primer sobajeo, aquel estruje con el primo del sur que tubo que dormir conmigo en la casa de la playa, se acordaba la Felipa, invitándonos a todas para aquel fin de semana a su casa de Horcon, la leyenda del amor libre y  las drogas psicodélicas, el balneario de moda donde los hippies nudistas exhibían sus pudores velludos.

Y allá íbamos las locas en el pullman rumbo al mar, riendo, cantando, jodiendo…y cuando llegamos, la Felipa nos hizo trepar un cerro hasta la cumbre donde se encontraba la mediagua, la choza sin baño ni agua potable. Es decir, una pocilga dijo la María Misterio arriscando la nariz. Pero que le vamos a hacer ya estamos aquí. Sácate uno de esos cigarros tuyos, Nube, me dijo. Y sin pensarlo, prendimos cuatro pitos para todas y luego cuatro mas… y cuando nos vinimos a dar cuenta estábamos en la playa bañándonos desnuditas como dios nos echo al mundo. Como las locas nunca habían fumado, se pusieron escandalosas, gritando y saltando cuando venían las olas. Ya poh, Nube, sácate otro, me gritaban. Pero ya no había más. Por eso nos acercamos a unos pescadores con cara de fumones y les preguntamos donde conseguir mariguana. Ellos, al vernos tan niñitas, nos ofrecieron de todo a cambio de visitarnos en la noche. Y claro que yes, dijo la María Misterio, y hacemos una fiesta y  elegimos a la reina de Horcon y entre ustedes al rey Jurel por el tamaño del pedazo.

Todas quedamos encandiladas con el panorama de la noche, hablando y bromeando mientras subíamos la cuesta haciendo colecta para comprar las botellas de pisco y esperar a los hombres que nos traerían la marihuana.

Y esa noche, todas nos engalanamos e improvisamos dos coronas con papeles dorados de cigarrillo. Para el rey y la reina, decía la María Misterio, enroscando el papel metálico en las tiaras de alambre. Pero los hombres no llegaban, y nosotras fumar y fumar, y no llegaban… hasta que de pronto, unos pasos, unos ruidos, y golpean la puerta… y eran ellos. Entraron disculpándose por la demora, que chiquillos perdonen pero tuvimos que ir a Valparaíso a conseguir la yerba. ¿Y encontraron?, grito la María Misterio, prendiendo unas velas para iluminar la miseria de la casa de tablas. Claro, mi reina, y de la mejor, mira huele. Estamos dados, suspiro la María Misterio sirviendo pisco para emborrachar a los hombres, pero ellos eran hombres de mar, duros de embriagar. Y como tontas, nos emborrachamos nosotras primero. Y entre brindis y brindis ellos eligieron a la María Misterio de reina porque era la más simpática. Y después pusieron sus trofeos sexuales a la luz de las velas para que los midiéramos y elegimos al rey Jurel. Bueno es hora que mama y papa Jurel se vayan a  dormir y ustedes también niñitas, elijan novio, nos dijo la María Misterio acomodándose con Mister Jurel en un colchón.

Y cada pareja se acomodo en el suelo y empezó el ensarte jugoso. El déle que déle, el déle que suene. Sácate uno poh, Nube, me gritaba la María Misterio riéndose de placer. Todas estábamos tan voladas, boqueando, asesando con los pescadores, que no falto la que hizo una acrobacia para lucirse, estiro un pie y boto la vela sobre la ropa, se quebró la botella de pisco y estallo mierda el incendio. Todo se inflamo de improviso. Fuego, Fuego gritaban las locas arrancando a culo pelado, tropezando, cayéndose, tratando de salvar al menos la ropa para vestirse; tan borrachas que no atinaban a encontrar agua para apagar las llamas. También los pescadores arrancaron a perderse. Y solo la Felipa,  corrió cerro abajo en busca de un bidón con agua. Pero cuando llego se había quemado toda la casa. Ahí nos amanecimos esperando el día para regresar a Santiago. Sácate uno de los tuyos, poh Nube, para pasar el mal rato, escuche que me decía la María Misterio, con la corona chamuscada  que había rescatado entre los escombros.