Crónicas de viaje

Marinera en tierra
La crónica en cuatro partes -o cuatro crónicas- de María Moreno sobre la excursión que siguió el derrotero fluvial de la incursión española del siglo XVI al río de la Plata y al Paraguay registrada por el soldado alemán Ulrico Schmidl en el clásico “Viaje al Río de la Plata” (este se puede descargar en edición comentada y anotada con un click aquí). Según los organizadores, el proyecto “Paraná Ra’Angá” (en guaraní: alma, espíritu o figura del Paraná) de la Agencia Española de Cooperación Internacional habría sido realizado “retomando la vieja tradición de las expediciones científico-culturales” (en guaraní, desembarcos de extranjeros armados). Puede leerse la primera desde acá, la segunda por aquí, la tercera, ahí y la última, acá. (este administrador opina que las mejores son la segunda y la cuarta).

Go East
Una visita a Ciudad del Este, mercado persa o Big Once, ese “extracto puro de capitalismo” según la crónica que escribe Ariel Idez. Puede leerse aquí.

Año nuevo andino
Amanecer en Tiwanaku después de una noche de térmica bajo cero http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5019-2008-12-28.html, por Nicolás G. Recoaro.

¿Cruzará la frontera?
Primera noche de un viaje más beat al oeste, de la jerga académica al reflujo de bar, del objeto de estudio al sujeto de goce: otra excursión a los indios mapurbe cuenta Agustina Paz Frontera desde acá.

De punta con los puntanos
Un periplo a una ciudad futurista en el borde de la nada: la ocasión para repasar las costuras entre realidad y ficción en toda crónica de viaje, según los debates entre el interior y el exterior, la mirada local y la central, el sesgo y la descripción que aparecen en los comentarios. Se lee todo desde acá.

Hay hombres que luchan un día
Dos relatos sobre lucha libre trazan un tajo barroco en la descripción del pancracio latinoamericano: Ariel Idez, en funciones de cronista “deportivo” en México, en medio de una multitud lamborghiniana que goza de la pelea sucia dentro y fuera del ring, escribe por aquí. Fue poco después del reportaje que hizo Nicolás Recoaro -en clave barthesiana- a los miticos luchadores de toda la vida en Argentina, justo por acá.

Culebrón en el ombligo del cosmos

Dicen que el método más copado para palpar el latido de una ciudad es sentarse en un bar a espiar lo que pasa. En consecuencia, antes de ir a los museos me dejo caer por el mercado y pido un jugo de papaya. Hay revuelo en los puestos que exhiben pescado, carne, pociones para el sexo y electrodomésticos. En el arco de la entrada se ve a un tipo tomando un taxi y metiendo tres cabras en el asiento de atrás.

En eso, en la misma barra en la que estoy hay dos minas completamente concentradas en lo que sale por el altavoz de un teléfono celular. Una rellenita habla; y la otra –bastante delgada– calla, atenta y en silencio. Se reparten un par de lágrimas cada una.

–Oye, ¿me quieres? –consulta la más morruda. Ninguna mueve un pelo cuando una voz masculina cancherea del otro lado de la línea:

–Princesa, sabes que te amo y te adoro.

Gorda y flaca echan rayitos por los ojos. Antes de cortar, la gorda arregla para juntarse con el chabón esa misma noche. Cuando voy por la mitad del jugo, la que llama es la flaca. El celular sigue con el parlante activado, de modo que los que estamos alrededor oímos cada detalle.

–Hola amor –solloza la flaca. Está haciendo lo imposible por no derrumbarse en llanto–. Quiero que me expliques qué sientes por mí –consulta. Pobre.

–Ay, mi reina, qué preguntas me haces: te amo y te adoro –contesta la voz. ¡Es el mismo atorrante!

El concierto de alaridos termina en el momento en que la gorda toma la palabra y hace un resumen digno de Gran Hermano: “Roberto, tu mentira se terminó aquí. Vas a tener que elegir con cuál de nosotras te quedas”. No vuela una mosca. El pirata atina a pedir “un tiempo”. No le dan. “¡Decide!”, aúllan las mujeres al unísono. Mi vaso de jugo está suspendido a media altura.

“Me quedo contigo”, lanza finalmente Roberto, y no sé cómo hacen las dos rivales para entender a quién se refiere. Vencida, la flaca saca un pañuelo de su carterita y se levanta. La veo alejarse entre las carnicerías de la feria. Entonces la “ganadora” juega la carta que se había guardado: “Bueno, ya que me has elegido a mí, grábate esto: ¡no quiero verte nunca más en la vida, hijoputa!”.

(Extracto de “Viaje por tiempo indeterminado” de Facundo García, publicada en Página/12 de esta fecha y cuyo borrador de bitácora -acompañado de videos y fotos- puede también leerse haciendo un click acá).

Una de cowboys en la Puna
A cien años del último golpe de Butch Cassidy en Bolivia, Nico G. Recoaro visitó San Vicente, la zona donde el líder de la Pandilla Salvaje pasó sus últimos días acompañado de su amigo Sundance Kid y encontró a un juez que planea abrir un museo sobre los bandoleros con material de su extensa colección personal, tours de 300 dólares al cementerio donde se encuentra la supuesta tumba del dúo, ex alcaldes convencidos de que los ladrones escaparon y oficiales de policía que aún se enorgullecen de la labor cumplida por sus ancestros. En Radar

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