Locas crónicas

Mapa callejero. Crónicas sobre lo gay desde América Latina (Eterna Cadencia, 2010) abarca, según su compilador, José Quiroga,  “fragmentos de novelas, de memorias, instantes captados en un diario, meditaciones en un sauna, coplas populares y notas periodísticas”. También: “Se intersectan, en sus páginas, las crónicas, el ensayo, la estadística y el poema, en un desbarajuste de géneros que hace honor a su objeto” lee Daniel Link de su texto “La loca como sujeto colonial” durante la presentación del libro, el 10 de noviembre. Hay ejemplos finos de ese despepite:

En “Historia natural. Descripción de un hermafrodita” Tomás Romay demuestra que un marinero español de 19 años llegado al puerto de La Habana en 1813 reúne los dos sexos, tras una revisación exhaustiva que descubre un pene clítoris bajo el cual se halla un orificio vaginal tan estrecho que el dedo índice del doctor no puede penetrarlo (“lo que acredita no haberse violado ese conducto”). En “Más-A-Fuera”, Domingo F. Sarmiento narra su encuentro, en una isla volcánica del sur de Chile y lejos de toda vida civilizada, con cuatro náufragos norteamericanos divididos en dos parejas en cabañas separadas, en 1849. En “Oscar Wilde”, José Martí cubre en 1882 una conferencia en Nueva York del “joven sajón que hace excelentes versos”, y queda fascinado por ese “cismático en el arte” y “elegante apóstol”  que viste con belleza y en cuyo rostro brilla una “honrada nobleza”.

De Luis Montané a Raúl Escari, de Julián del Casal a Pablo Pérez, de José Enrique Rodó a Mauro Cabral, pasando por Enrique Gómez Carrillo, Salvador Novo, Augusto D´Halmar, José Lezama Lima y Néstor Perlongher –de quien se extracta un fragmento de La prostitución masculina-, entre otros, lo heteróclito de esta selección atravesada por el referente homo se completa con noticias como la redada policial en la fiesta de “El escandálo de los 41” que conmocionó a México en 1901 y el poema anónimo “Aquí están los maricones muy chulos y coquetones” del mismo año en La Paz. Mariquitos, pájaros, patos, divas, chichifos, lilos y bugarrones de la América hispánica cruzan aquí sus líneas de fuga y se encuentran con los discursos herederos de la contracultura joven de los años 60 y 70 que rechazaba el matrimonio y experimentaba el amor libre hasta llegar al sida y a la loca consumista y al espectáculo de la sexualidad televisiva.

“Aquí no estamos frente a la crónica como ‘un cuento que es verdad’” dice José Quiroga en el prólogo, aludiendo -para refutar- a la conocida frase de García Márquez, “porque la crónica puede no estar escrita en el presente, puede ser puro cuento, puro decir o mal-decir”. Aquí estamos frente a una definición minoritaria –por ser también latinoamericana- que aspira a un relato posible de “la vida gay”, la narración de encuentros y de errancias, la trasmisión de saberes y experiencias. Así es como se constituye una historia. Y si Todo es Historia, por qué no imaginar que Todo es Crónica.

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